Sin vos.

El plato vacío, la cama en el piso,

la ropa rota de tanto usar.

Dormir con frío, dormir fingido,

pensando si volverás.

Mamá mintiendo escondiendo el llanto,

ante tan terrible verdad.

No fuiste al campo, no estás trabajando,

a vos te llevaron por luchar.

Paró un Falcon me contó la abuela,

cuando empecé a preguntar.

Te llevaron en la plaza,

esa donde íbamos a jugar.

Ella me dió tu libro el que guardó por años,

ese que habla de libertad.

Algunos sabían todo pero había que callar,

fueron años oscuros y silenciaron las voces

de los que querían cambiar

Así aprendí que la vida es injusta,

y que el poderoso juega a matar.

Pasaron los años, aún te buscamos,

no sabemos dónde estás.

Yo te llevo en el pecho,

y en mí siempre estás.

Al reconocer injusticias,

al querer cambiar.

Al llevar como bandera,

la memoria, justicia y verdad.

 

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Un abrazo que sueña.

Un abrazo camina por la calle, va despacio, pensativo con sus manos en los bolsillos. Hace frío y el viento le canta canciones al oido. Se pregunta a dónde va, pero no lo sabe, en medio de esa incertidumbre piensa en vos. Piensa en vos y sabe que te busca, entre la gente y por esa calle donde alguna vez supo encontrarte. Camina y pisa un charco, el único charco de la calle y esta frente a la casa donde te vio por última vez y te recuerda bien. Te recuerda con tu pelo negro cayendo sobre tus ojos. Ojos marrones, negros, verdes, violeta, naranjas, ojos de todos los colores que brillan con el sol.                             Te recuerda con tu piel morena con gusto a sal y olor a mar. Te recuerda riendo, bailando sobre el empedrado bajo esa lluvia de verano. Te recuerda y sueña que mira a la derecha y estás ahí parado a lo lejos perdido entre la gente y siente vértigo. Sueña que te mira y camina hacia vos, uno, dos, tres, siete, quince pasos. Sueña con sacar las manos de los bolsillos, estirar los brazos y envolverte. Sueña qué te funde en el, que su brazo es tu brazo, qué tu cuello es su cuello, que su nariz es tuya. Tuya la respiración, la risa, el sol, la tierra, la puerta de aquella casa, la hamaca colgada en el árbol de enfrente. Todo tuyo. Pero no te encuentra, está soñando lo recuerda. Recuerda que ya no estás ahí, qué ya no caminas esas calles. Recuerda que te fuiste de aquel lugar y recuerda que no volverás. Mira hacía abajo, saca el pie del charco, lo sacude y sigue caminando.  Sigue caminando con las manos en los bolsillos y no sabe adónde va, pero sigue soñando.

Día 1: Escribí acerca de porque escribís.

dia 1“Si las palabras, acarician, matan y abrazan, ¿porque no se las cuida como al cuerpo mismo desde antes de nacer?”

Por esto escribo, porque las palabras mueven al mundo, nos hacen mas humanos, nos permiten llorar, reírnos, asustarnos, ser débiles, incongruentes o incoherentes.

Escribir me da libertad, para ser quien quiera o para ser realmente quien soy sin sentirme observada ni juzgada. Me ayuda a visibilizar de otra manera las cosas que quiero o deseo. Escribo como catarsis más que para festejar las cosas lindas de la vida. Escribo porque me da alas, me da seguridad de saber quien soy. Escribo porque me siento buena haciéndolo, siento que es una facilidad que tengo para expresarme con claridad. Escribo porque no hay reglas para escribir, puedo escribir sobre lo que desee y como desee. Sin puntos, sin sangrías, sin estilos discursivos. Escribo porque puedo moldearlo y hacerlo a mi manera.

Escribo porque queda para siempre, escribo para ver cuánto aprendí, para no olvidarme de las cosas ni de las personas. Escribo para vomitar lo que me hace mal, para sanarme y encontrarme conmigo. Escribo porque se nos dio la palabra como medio de comunicación entre nosotros los humanos y porque me acerca a las personas. Porque escribiendo conozco gente hermosa. Escribo para ser mejor persona, porque me ayuda a ser reflexiva y empática con los demás. Escribo porque me mantiene ocupada y porque calma mi mente. Escribo para tener los pies en la tierra y a veces para volar por las nubes. Escribo porque amo mucho y sufro mucho. Porque es una forma de creer y de crear. Escribo porque tengo sueños más grandes que la realidad. Escribo porque estoy viva.

Escribo por más razones de las que pensé. Pero en fin escribo porque quiero escribir.

Intentando llegar al Bar Do Arantes (o la peor cita)

El Bar Do Arantes esta al sur de las islas de Florianopolis, conocido por estar empapelado por mensajes que dejan los comensales.

Era un viernes, esa noche llegaban mis dos amigas S y A a Floripa estaba emocionada y con ganas de todo. Esa tarde G me propuso ir al Bar, cenar y luego buscar a mis amigas, le dije que si, obvio! (La primera cita oficial jaja)

Salimos a eso de las 19hs camino a la terminal de Lagoa (TILAG), el viaje consistía en tomar un ómnibus a Rio Tavares (TIRIO) y de ahí otro hasta Pantano Do Sul. Como no puedo no tener el control me baje una app que te mostraba los caminos del ómnibus, éxito seguro.

Tomamos el ultimo ómnibus ansiosos por llegar, cuando vimos por la app que estábamos cerca bajamos y nos dimos cuenta que no había nada. NADA. terrenos baldíos y alguna que otra casita. La risa se apodero de nosotros donde estábamos!?? Caminamos unas cuadras y encontramos a unos Argentinos a los que les pregunte si sabían para donde estaba el bendito bar.

-Hola chicos, una pregunta; ¿Conocen el bar de los papelitos?

-Ahh si ya se cual es, pero están re lejos de acá eh!?

-¿Cuan lejos?

-Y como a 5 km mas o menos.

-¿No saben de algún lugar cerca para comer por acá?

– A dos cuadras hay un barcito.

-Buenísimo, gracias.

Nuestras caras eran hermosas, estábamos en un lugar que no sabíamos, nerviosa por arruinar todo (luego supe que el también), lo anime diciendo que estábamos donde teníamos que estar, que todo sucede por algo y que no importaba el lugar.

Llegamos al bar, unas cuantas mesas desordenadas, un hombre tocando canciones super melosas en Portugués, un grupo de amigos con muchas cervezas encima y nosotros, sentados en una mesita pedimos la cerveza artesanal de la casa (la cual no recuerdo el nombre y era fantástica) el un lomo salteado y yo un sándwich del cielo. Entre charlas, fondos blancos pidiendo a la virgen de Guadalupe y miradas cómplices, perdimos la noción del tiempo (solía ocurrirme seguido en su compania), y también perdimos el ultimo ómnibus. Como fracasamos en nuestro intento de llegar al Bar de los papelitos, el tomo una servilleta y escribió; “La plata va y viene, por la peor cita de tu vida.”

Y ahora? Y ahora a hacer carona (dedo), la situación no era alentadora, en ese lugar no pasaba nadie, y quien pasaba ni siquiera se detenía a mirar a dos personas en medio de la oscuridad. Nos sentamos en una parada y comenzamos a tirar dedo, pasaban los autos a los cuales les hacíamos canciones de bronca por no levantarnos. Así pasaron dos, tres, cuatro autos. El quinto freno. Eran dos chicas jóvenes con la música a todo lo que da, que iban hacia Lagoa!! Nos subimos con una felicidad que no cabía en mi cuerpo, aun me es difícil entender como suceden esas cosas. Entre música, risas y velocidad llegamos a la puerta de nuestro hostel. Bajamos del auto con mucha adrenalina, buscamos un ron, la coca y nos fuimos a la Lagoa.

Esa noche terminamos junto a mis amigas en la playa nadando, riendo, con tanto amor, con tanta felicidad. Porque las cosas que valen la pena están ahí.

Y de peor este día no tuvo nada.

 

barcito del fin La única foto que saque esa noche.

 

 

 

 

Y un día.

Y un día, después de un año de planear, de hacer, de decir, de armar, destruir y volver a armar, un día cuando ya viajaste, cuando ya te instalaste, estas sentada en la terraza del hostel viendo la lluvia (si, para darle más drama llovía) y te cae la ficha de la decisión que tomaste, una decisión que cambia todo y que claro trae consecuencias.
Consecuencias que dan miedo, que duelen, y también algunas que alivian.
Un día muy pensativo extrañando a M, cuestionando caminos, refutando ideas, llorando, durmiendo. Dicen que los primeros días son los más difíciles, esperó que también sean los que más fortalezcan.
Segundo día en Barra difícil, mañana a recorrer buscando alquiler. Tengo que escribir más.

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No pregunté su nombre

Ayer estaba sentada en la nueva plaza de morón de repente escuchó gritos giro para mirar y me topo atras mío a un hombre vendiendo pulseras que me dice yo a vos te conozco.
El año pasado me compraste una tobillera y dijiste “esta tobillera va a conocer Brasil”
(En ese entonces yo solo soñaba con la idea de poder viajar a Brasil pero era eso, un sueño)
Al instante lo recuerdo;
– Si es verdad! como estas?
– Conoció Brasil?
– Si y me trajo suerte pero la perdi buceando.
– Murió con gloria, me dijo.
La charla continuo sobre nuestros cortes de pelo, historias y risas. Le pedí otra tobillera
– Esta se viene conmigo a Brasil y le sonreí.
– Muchas gracias por volver a comprar y a confiar.
– La anterior la compre con fe y funciono. Esta también y me va a acompañar.
– Que lindo que me digas esto yo las hago con mucho amor y me hace bien que se trasmita. Ellas son mis hijas entendes? Yo las creo, las invento para vivir mis sueños. Ellas me acompañan en todo y no las voy a dejar nunca.
Me miró y me sonrió con el corazón.

Nos quedamos los dos en silencio, un silencio cómplice…

– Bueno nos estamos viendo, gracias por el momento. Y hay que seguir viajando!
“Gracias a vos” le dije y se fue con sus pulseras.

A de Abstinencia

Salgo de trabajar, voy riéndome a causa de un chiste que escucho en la radio. En ese momento el viento me pega en la cara trayendo no solo mi pelo encima sino también el olor a las flores que brotaron hace poco de un jazmín paraguayo, al mismo tiempo un rayo de sol me ciega. Dejo de caminar abro los brazos y me quedo así unos minutos hasta que el viento cesa. Sonrío.

Vivimos inmersos en un mundo de abstinencia, donde nos quedamos con las ganas, siempre con las ganas de hacer. Siempre pensando mucho y actuando poco. Por miedo, por ser poco, por ser mucho, por lo que dirán, por lo que nos enseñaron, por pertenecer, por comodidad, por ignorancia, por cansancio, por obligaciones, por estereotipos, por no saber perdonar, porque si.

Estas últimas semanas pude ver de todas las cosas que me abstengo día tras día, cuantas veces hacemos lo que queremos, lo que tenemos ganas, lo que nos hace sonreír? Yo, muy pocas. Me respondí y sentí tristeza. Tristeza de tener 24 años y sentir abstinencia de vida.

¿Y si me propongo disfrutar como quisiera? Disfrutar el sol, el olor a arboles, la lluvia, un día en la cama, un abrazo, una charla con mi vieja, un encuentro con amigas, un té que calienta las manos, un libro, un viaje en colectivo con la ventana abierta, jugar con un perro, caminar, mirar el cielo, dejarse querer, un almuerzo el domingo, un beso, bailar, un piropo, un mimo, un chiste, una lapicera nueva…

¿Y si en vez de pensarlo lo hago? ¿Y si me saco este traje políticamente correcto y aburrido? ¿Y si me escucho?  ¿Y si sueño? ¿Y si me animo a ser yo? ¿Y si me arriesgo? ¿Y si renuncio al trabajo? ¿Y si regalo mi ropa? ¿Y si me voy de viaje?

Y si.